Publicado: 8 de Enero de 2015


Por su valor nutritivo, es indispensable en nuestra alimentación. Sin embargo, apenas la consumen por miedo a coger algunos kilos de más. ¿Qué hay de cierto en esto?...


Apostamos a que no conoces a nadie a quien no le guste la pasta. Los italianos la adoran de tal manera que son capaces de comerla todos los días. En los países orientales también se toma a todas horas, con cientos de acompañamientos diferentes, y es un ingrediente básico de las gastronomías de todos los países mediterráneos. Sin necesidad de abusar, motivos para disfrutar de ella hay muchos: es fácil de comer, admite miles de formas de preparación, combina a la perfeccción con todo tipo de alimentos (verduras, setas, carnes, pescados, mariscos…) y lo más importante: además aporta un buen puñado de nutrientes indispensables para la salud. Injustamente, se considera a la pasta como un alimento demasiado calórico, y por eso muchas personas evitan tomarla; sin embargo, dentro de una alimentación equilibrada, es un alimento “estrella”.

¿Cuál prefieres?

En España, la pasta seca es la que más se consume. Se hace a partir de sémola de trigo duro mezclada con agua y sal. Existe una gran variedad en cuanto a formas, tamaños y sabores, y cada formato se adapta mejor a una preparación, si bien el tipo que solemos usar en cada plato depende sobre todo de nuestros gustos. Tiene la ventaja de que su precio es muy asequible y dura mucho tiempo en crudo si se conserva en un lugar protegido de la humedad y de la luz.

Importada de Italia, tenemos también la pasta fresca, que se elabora de forma más artesanal. Se vende en bandejas al vacío, es blanda y se debe conservar en la nevera para que no se estropee. Si la elaboramos en casa a la italiana (lo cual tiene su arte), hay que extremar las precauciones de conservación, porque contiene huevo crudo. Este tipo de pasta requiere menos tiempo de cocción que la pasta seca.
 

Pastas “con personalidad”

El mundo de la pasta es tan extenso que podríamos tomar una variedad diferente cada día del año, y casi nos quedaríamos cortos.

  • La pasta seca clásica puede ser sencilla (espaguetis, tallarines, macarrones, espirales, conchas, lacitos, placas de canelones o de lasaña…) o rellena (de carne, queso o verduras, como los tortelini o los ravioli).
     
  • Si la queremos enriquecida, la tenemos con huevo (suele ser un poco más amarilla), con espinacas (de color verde), con tomate (de color anaranjado) y hasta con tinta de sepia (de color negro). Estas pastas le dan más alegría a nuestros platos y aportan un toque de vistosidad y originalidad a nuestras recetas de siempre, que además ganan en nutrientes.
     
  • Además, hay pasta para celiacos (elaborada con harinas sin gluten, de maíz o arroz). En algunos establecimientos es posible encontrar incluso pasta para diabéticos (con menos carbohidratos) o para hipertensos (pasta normal, pero sin sal añadida).
     
  • La pasta especial para ensaladas es pasta clásica, normalmente enriquecida con vegetales, que está pensada para ensalada porque es suelta (no larga, como los espaguetis o los tallarines que serían difíciles de comer de esta manera). Se cuece de igual manera que las demás pastas secas e igualmente se puede comer como plato único o como guarnición .

Vía: sabervivir.es